Señorío de Villarrica

Pablo, Rodolfo, Ismael y José Miguel son los cuatro hermanos que están hoy al frente de Bodegas Señorío de Villarrica: un proyecto familiar que remonta sus orígenes a 1860, a sus bisabuelos.

Como en tantas otras familias de Rioja, el abuelo materno, Pablo, viticultor, y el paterno, Florentino, bodeguero, formaron una ‘alianza’ perfecta para el germen de Señorío de Villarrica, que les llevó ya entonces a comercializar de pellejos a botella en los mercado cercanos. Pero fue Florentino, el padre de la actual generación, el que construyó una nueva bodega y extendió la comercialización de Señorío de Villarrica por todo el país e incluso dio los primeros pasos en la exportación. En la actualidad, Señorío de Villarrica cuenta con dos bodegas, una en San Asensio, la localidad de origen, y otra en Hervías, un espectacular ‘chateau’ rodeado de 40 hectáreas de viñedo con la última tecnología para la elaboración y crianza de los vinos.

Pero, como recuerda Ismael Fernández, responsable de viticultura de la familia, “nuestra razón de ser está en los viñedos”. Señorío de Villarrica elabora exclusivamente con uvas de viñas de su propiedad, de las 60 hectáreas que se concentran sobre todo en San Asensio, pero también Briones, Haro, Sajazarra y Anguciana, y de las 40 de Hervías y Bañares. Cien hectáreas en total.

La bodega hace vinos con un marcado perfil de Rioja Alta, influenciados por la cercanía de la Sonsierra y por las zonas más atlánticas y extremas de la Rioja Alta Occidental. El crianza, con unas 400.000 botellas de las 550/600.000 que elabora todos los años, es el vino principal que se mima al extremo en la viña y en la bodega: “Es nuestro caballo de batalla, la gran obsesión de mi hermano Pablo, ya que es el que sujeta el ‘edificio’”. Los cuatro hermanos no lo tuvieron fácil pese a heredar bodega y viñedo. En el 2005 se embarcaron en la nueva bodega de Hervías, con una gran inversión en la última tecnología en pequeños depósitos de elaboración, tinas de vinificación y, por supuesto, las mejores barricas para hacer grandes vinos. En el 2011, en plena crisis, la nave fue pasto de las llamas: “Para el 2013 ya estábamos en marcha de nuevo, los cuatro hermanos en el barco porque somos del vino y no sabemos hacer otra cosa”.

Señorío de Villarrica tiene el ‘honor’ de ser la bodega que ha vendido el vino de Rioja, y de España al menos en su momento, más caro: 1.200 euros por botella, el Selección Familiar 2001, de la que se hicieron 890 botellas. “Llevamos una muestra de barrica, de 24 meses, a Custodio López Zamarra y nos llamó para preguntarnos qué era aquello”, recuerda Ismael. “Nos propuso hacer una cata con 24 grandes vinos del mundo y quedamos los sextos… el precio se lo puso el vino a sí mismo”. En botella están la añada 2010 de un posible nuevo futuro Selección Familiar y en la tina de madera la de 2016.

El vino procede de un pequeño corrillo en lo alto de una finca que plantó al abuelo de la actual generación en San Asensio en 1911, cuatro hectáreas que, junto con otras viejas plantaciones de 1926 y 1930, suman las doce hectáreas de las que elaboran sus vinos especiales: Delicia de Baco y Marvelous: “Son rendimientos muy bajos, producciones muy limitadas, pero que nos aportan vinos de gran personalidad”, señala Ismael Fernández. Vinazos que complementan la amplia gama de Señorío de Villarica: “El mérito no es nuestro, sino de nuestro abuelo y bisabuelos, que eligieron las mejores laderas y suelos para plantar”. “Nuestra única labor -continúa Ismael- es no ‘estropear’ lo que cada año, cuando quiere eso sí, nos ofrece la naturaleza”.

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